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1. El alcornoque

El alcornoque es un árbol perteneciente a la familia de las Fagáceas. Esta familia incluye a especies de características similares al alcornoque, tales como la encina, los robles, castaños, hayas, etc. Todas estas especies tienen en común el tratarse, en general, de árboles, o a veces arbustos, con flores masculinas y femeninas separadas, pero dentro del mismo árbol. Las primeras de estas aparecen en grupos colgantes, llamados "amentos", mientras que las femeninas se encuentran solitarias o en grupos de hasta tres, y rodeadas en la base por una cúpula o cascabillo, que dará lugar, más tarde, al cascabillo de la bellota, al "erizo" de las castañas, etc., según la especie.

El nombre científico en latín del alcornoque es "Quercus suber L". La primera palabra es el género al que pertenece, en este caso Quercus, en el cual se incluyen todos los árboles y arbustos productores de bellotas, como son algunos de los ya mencionados: la encina (Quercus Hex), el rebollo o roble melojo (Quercus pyrenaica), el quejigo (Quercus faginea), la coscoja (Quercus coccifera), y muchas otras, que habitan principalmente en Europa, Asia y Norteamérica, hasta un total de más de 500 especies. La segunda parte de su nombre, suber, es la propia de la especie, y su significado en latín es "corcho". Por último, la tercera parte del nombre, que no siempre se indica, corresponde al botánico que hizo la descripción de la especie, en este caso fue el sueco Linneo (abreviado L.), en el año 1753, concretamente en su libro de "Species plantarum".

Descripción botánica.

El alcornoque es un árbol cuya altura en estado adulto suele oscilar, según la edad y condiciones del suelo y tratamientos dados por el hombre a lo largo de su vida, entre 10 y 15 m., llegando ocasionalmente hasta un máximo de unos 25 m.

El diámetro del tronco a la altura del pecho puede llegar hasta 1 m. o incluso más, con un máximo de 2,5 m. y una circunferencia de 12 m. en casos extraordinarios.

Su edad en estado natural puede llegar a ser superior a los 500 años, aunque normalmente no suele pasar mucho de los 300. En condiciones de un aprovechamiento intensivo de su corteza de corcho, su edad máxima disminuye bastante, y en este caso no suelen superar los 150 o 200 años.

Su copa tiene una forma redondeada, más estrecha y alta en árboles que crecen en agrupaciones de bosque denso, y más amplia y colgante en árboles que crecen aislados, por ejemplo en las dehesas.

La madera del alcornoque es dura y pesada, de color pardo claro algo rosado, y con las vetas y radios muy marcados. Es difícil de secar y se rompe con facilidad, a pesar de lo cual tiene diversos usos para piezas que deban resistir el rozamiento o la pudrición, como son partes de barcos, herramientas, parquets, mesas rústicas, etc.

La corteza del alcornoque es su característica más singular y, actualmente, la más valiosa en términos económicos. Es una corteza de color grisáceo, muy gruesa, poco densa y con numerosas y profundas grietas (colenas) a lo largo del tronco, en los árboles que no han sido nunca descorchados. Está compuesta principalmente de corcho, un material que se origina a partir de las capas de células muertas y huecas que se van creando desde el interior de la capa madre hacia el exterior. Tiene unas excelentes cualidades de elasticidad, resistencia, aislamiento, etc., que lo hacen prácticamente insustituible, para multitud de usos industriales.

La función original del corcho en el alcornoque es proteger al árbol frente al fuego, muy frecuente en las regiones de clima mediterráneo en las que vive. Esto lo consigue al arder solamente la parte exterior, quedando el interior cerrado a la entrada de aire y, por consiguiente, a la combustión. Así, aunque el follaje fuera destruido, las partes vitales del árbol quedan intactas y puede rebrotar una vez pasado el incendio.

Las raíces están constituidas por una gruesa principal de soporte que se dirige hacia abajo directamente y otras raíces secundarias más superficiales.
También llegan a unirse con raíces de otros árboles cercanos (intercambiando sustancias nutritivas) y con hongos de varias especies, que le ayudan a capturar algunas sales minerales del suelo.

Las hojas del alcornoque, al igual que las de la encina, son persistentes, permaneciendo varios años en el árbol y no perdiéndose en invierno, como ocurre en el caso de robles y castaños. A menudo se produce un cambio brusco de estas hojas, apareciendo el árbol con un falso aspecto de enfermedad que desaparece al crecer en primavera las nuevas. Son coriáceas, es decir, duras, con consistencia de cuero, de color verde oscuro y sin pelos en la parte superior (el haz) y más claras y algo pelosas en la posterior (envés). Son de forma oval a oblonga, con algunos pequeños dientes en el borde. Miden, en general, unos 3-6 cm. de longitud y unos 2-4 cm. de anchura, Tienen de 5 a 7 pares de nervios laterales que no se suelen ramificar y que llegan hasta los pequeños dientes del borde. Las hojas están sostenidas por un rabillo o peciolo de hasta 2 cm. de longitud.

Figura 1.8. Hojas de alcornoque

Las flores aparecen en primavera, normalmente entre abril y junio, aunque también aparecen algunas flores en otoño. Las masculinas, en grupos colgantes de 4-8 cm., nacen en las ramillas del año anterior. Son muy pequeñas y poco vistosas, con forma acampanada. Las flores femeninas crecen solas o en grupos de hasta tres en las ramillas del año (aunque a veces en las U año anterior), con una cúpula que las protege en la base y que luego forma el cascabillo de la bellota.

El fruto es una bellota de unos 2-5 cm. de longitud por 1-2 cm. de anchura, con un peso de unos 2-4 gr., llegando hasta 25 gr. excepcionalmente. Suelen ser de color castaño rojizo al madurar y tiene un pedúnculo de hasta 40 mm. de longitud. La cúpula o cascabillo se distingue de otras especies por tener las escamas de la parte superior arqueadas o revueltas, al contrario que las de la encina, que están unidas al cascabillo, y a la de la coscoja que las tiene mucho más salientes. La bellota está madura en el otoño del mismo año, dando lugar a tres cosechas distintas:

    a) Bellotas primerizas, brevales o sanmigueleñas: son bellotas del año anterior, que maduran en septiembre-octubre, en poca cantidad, pero muy grandes.
    b) Bellotas segunderas, medianas o martinencas: es la cosecha fuerte, de noviembre-diciembre, con bellotas de tamaño medio.
    c) Bellotas tardías o palomeras que caen hacia finales de enero.

Requerimientos ecológicos del alcornoque.

La mayor parte de las regiones en las que crece el alcornoque son de clima mediterráneo. Este clima se caracteriza, a grandes rasgos, por sus temperaturas templadas en invierno y muy calurosas en verano, así como por precipitaciones en forma de lluvia concentradas en primavera y otoño, con un verano seco en el que pueden pasar hasta más de tres meses sin llover.

Esta especie, dentro de este tipo de clima, tiene unos requerimientos concretos para poder crecer en buenas condiciones fisiológicas. En cuanto a las temperaturas, deben ser suaves, especialmente en invierno, ya que, aunque puede soportar el calor intenso, siempre que tenga cierta humedad en el suelo, sus hojas anchas y relativamente blandas son muy sensibles a las heladas. Por esta razón, no se le encuentra normalmente en regiones con clima muy continental donde nieva a menudo (interior de Castilla-León, por ejemplo), o en alta montaña. Solamente pasa ampliamente de los 1.000 m. de altitud en las regiones más cálidas de su área de distribución, como son Andalucía, Marruecos, etc. En este último país puede encontrársele hasta los 2.000 m. en la cordillera del Atlas.

Las regiones en las que vive el alcornoque tienen casi siempre sequía en verano, al menos de un mes, pero necesita, por otro lado, una cantidad mínima de unos 400 litros/m2 de lluvia al año y, según las zonas, hasta más de 1.000 litros/m2.

En cuanto a los suelos en los que crece, la característica más importante es que no tolera aquellos en los que exista calcio libre en cierta cantidad, es decir, que no se encuentra en regiones en las que predominen las rocas calizas, a menos que sean de tipos muy concretos (calizas duras como es el mármol y las dolomías). Puede crecer en suelos pobres, poco fértiles, siempre que cumplan el requisito anterior. Además, sus raíces necesitan una buena aireación, prefiriendo suelos arenosos o con abundante materia orgánica y que no se encharquen durante mucho tiempo al año, porque en este caso el oxígeno no podría llegar tampoco a sus raíces.

2. El alcornocal.

El alcornoque se encuentra en gran parte de su distribución como una especie dominante, formando bosques puros o en mezcla con otras especies y casi siempre correspondiendo al tipo de los bosques esclerófilos, es decir, formados por plantas de hojas duras. Las plantas mediterráneas han adquirido una serie de características que les ayudan a vivir en óptimas condiciones en este ambiente. Se pueden resumir de la forma siguiente:

    o Hojas no caedizas en invierno, al contrario de lo que sucede en los bosques fríos del Norte de Europa.
    o Hojas pequeñas y coriáceas o transformadas en espinas.
    o Producción de ceras y aceites.
    o Resistencia al fuego, ya sea mediante rebrote (por ejemplo, gracias a su corteza suberosa) o por tener semillas que germinan en gran cantidad después de los incendios (jaras, pinos, etc.).

Figura 1.9. Ahulaga ("Genista hirsuta")

Estructura de la vegetación en los alcornocales.

Los bosques de alcornoques siguen un proceso de degradación que va haciendo que cambien las especies de plantas que lo acompañan y la estructura de la vegetación. Este proceso puede ser natural, debido al fuego de los rayos, al pastoreo, a los animales salvajes, etc., o bien, más frecuentemente, debido a la actuación del hombre. Así, se pueden diferenciar los siguientes tipos de bosques de alcornoques:

    a) Alcornocal maduro denso: la mayor parte de los bosques de alcornoques si no actuara el hombre sobre ellos tendrían en estado óptimo una estructura de bosque denso, con árboles de gran altura (15-20 m.) y un sotobosque escaso, en el cual predominarían especies de plantas leñosas y herbáceas que no necesitan mucha luz.
    A menudo aparecen junto al alcornoque los robles, los rebollos, los quejigos, las encinas, los acebuches, etc., según el clima de cada zona.
    b) Alcornocal aclarado con arbustos: al aparecer claros en el bosque como consecuencia de la muerte de árboles, incendios, talas o suelos poco apropiados, pueden desarrollarse arbustos de tamaño considerable, como son el madroño, el brezo arbóreo, el durillo y otros.
    c) Alcornocal con matorral ralo: con una mayor degradación, producida a menudo por la actividad humana (pastoreo, incendios, etc.), se extienden especies de matorral, cediendo paso posteriormente a las jaras y jaguarzos, diversas leguminosas (como son las ahulagas, tojos, escobas y retamas), labiadas (cantuesos, tomillos, romero, etc.) y brezos, entre otras muchas especies.

Figura 1.10. Matorral de cantueso

    d) Pastizales del alcornocal: en suelos ya muy pobres o bien en los ecosistemas del tipo "dehesa", como los que predominan en muchos alcornocales de la Península Ibérica. El ganado y el laboreo del suelo favorecen la presencia de una gran diversidad de plantas herbáceas, ya sean anuales o vivaces (que viven durante más de uno o dos años). Las familias más importantes son, sobre todo, las gramíneas y las leguminosas, dando a estos pastos un gran valor ganadero.

Figura 1.11. Pastizal en alcornocal en primavera

Tipos generales de alcornocales.

A grandes rasgos, se puede hacer una clasificación de los alcornocales de la Península Ibérica y Norte de África en función del tipo de clima, que influye tanto en la composición de las especies de plantas acompañantes como, posiblemente, en la calidad del corcho producido.

    a) Alcornocales típicos: son los que se encuentran en gran parte del Suroeste de la Península Ibérica (parte de Portugal, Extremadura, Sierra Morena y Montes de Toledo). Aparece a menudo en estas regiones mezclado con la encina, aunque es más frecuente que ésta y la sustituye en las umbrías de las sierras, lugares húmedos, suelos arenosos, etc.

Figura 1.12. Jaguarzo ("Cristus crispus")

    b) Alcornocales costeros sobre arenas: frecuentes en los suelos arenosos de la costa y cerca de ella, tanto en la Península Ibérica, en zonas de Huelva y Cádiz, etc., como en Marruecos, predominando un clima cálido suave y relativamente húmedo.
    c) Alcornocales cálidos y húmedos: se encuentra en regiones que están a menudo cerca de la costa y con clima cálido, sin apenas heladas y con humedad abundante y vegetación de hoja de laurel casi subtropical. Este clima es ideal para el alcornoque, que crece rápidamente y alcanza gran tamaño. Sin embargo, probablemente el rápido crecimiento perjudique a la calidad del corcho, aumentando el corcho lanoso o "bofe". Aquí existen especies de plantas difíciles de encontrar en otros lugares. Estos alcornocales predominan en zonas de las sierras de Cádiz, Málaga y Sur de Portugal además de en el Norte de Marruecos. Los alcornocales de Cataluña son de un tipo similar, pero el clima es más fresco; en este caso, el crecimiento del corcho es más lento, lo que hace que se saque allí con periodos de hasta 14 años.

Figura 1.13. Alcornocal húmedo con sotobosque de helechos

    d) Alcornocal oceánico: incluye a muchos de los alcornocales de Portugal y a otros de zonas del Oeste de la Península Ibérica (incluyendo los alcornocales gallegos y cántabros).Tienen un clima fresco, con pocas heladas y bastante húmedo.

Figura 1.14. Brezo ("Erica umbellota")

    e) Alcornocal cálido y seco: es bastante frecuente en gran parte del Centro y Sur de la Península Ibérica (principalmente en Andalucía) y Norte de Africa. Hay pocas heladas, con inviernos suaves y veranos muy secos y calurosos.

Figura 1.15. Jara pringosa ("Cistus ladanifer")

    f) Alcornocal continental: se encuentra en la Península Ibérica en pocas zonas de la Meseta Norte (Salamanca, Ávila, etc.) El clima es frío y seco, con frecuentes nevadas, aunque en verano es caluroso; este clima no es el óptimo para el alcornoque, pero puede sobrevivir en algunas zonas.

Figura 1.16. Hojas de rebollo ("Quercus pyrenaica")

3. Producciones de un alcornocal.

El corcho.

El corcho proporciona unos grandes beneficios a los propietarios de las explotaciones de alcornocal, superando incluso a los del ganado o cultivos agrícolas. Este recurso, sin embargo, tiene el inconveniente de no poder recolectarse nada más que cada nueve años, en el sur de España, o cada diez o más en otras regiones más frías, por lo cual es difícil realizar una explotación sostenida. La saca se realiza siempre en verano por estar el árbol en un momento de gran actividad vegetativa y porque hay menos peligro de producir heridas al arrancar las planchas.

La manera ideal de explotar un alcornocal es mediante una ordenación adecuada. Si la finca o explotación es suficientemente grande se puede dividir en varias zonas o cuarteles, cada zona se descorchará en un año distinto, repartiendo así los beneficios en el tiempo. Hay lugares en los que todavía se realiza una pela fraccionada, dividiendo la parte descorchable del árbol en dos zonas, sacándose cada una en años distintos.

Al mismo tiempo que se regula la frecuencia de la saca, hay que asegurar la regeneración, ya que donde hay un pastoreo más o menos intensivo no pueden crecer nuevos árboles, con lo cual el alcornocal se va haciendo cada vez más viejo, comenzando a desaparecer sus componentes principales. Para evitar esto, hay que reservar zonas valladas para que no entre el ganado durante un cierto número de años, o bien proteger a los árboles mediante espinos, etc. Cuando el arbolado es suficientemente alto, se puede abrir la zona al pastoreo y dedicarse a regenerar otra parte, continuando así, de forma rotativa, con toda la explotación.

El valor económico del corcho varía mucho en función de su calidad, pero ésta depende de muchos factores: la genética de cada árbol o grupo de árboles, el clima de la zona, los suelos, la situación topográfica, etc., pero también de las heridas de saca y de poda, de la cobertura de matorral, de las enfermedades, etc. Por esta razón, se debe intentar mantener el alcornocal en el mejor estado posible.

El alcornoque no debe descorcharse hasta que no ha llegado a un tamaño y edad suficientes (normalmente unos 25 o 30 años). Si se hace antes puede afectar el crecimiento posterior del árbol. Cuando llega a esta edad, se descorcha el árbol por primera vez, hasta una altura que no suele sobrepasar 1,3 m. El corcho que se obtiene entonces es el corcho bornizo que es irregular, con grietas profundas (colenas), no apto para fabricar tapones y por eso se suele triturar y utilizar en la fabricación de aglomerados. En las siguientes pelas se va subiendo un poco la altura de descorche.

En la segunda pela, nueve o más años después según las zonas, se obtiene el llamado corcho segundero. Es de mejor calidad que el anterior, pero aún tiene profundas grietas o colenas. Es en la tercera pela, a los 45 o 50 años de vida del árbol, cuando se obtiene el primer corcho de calidad o corcho fábrica.

La producción de corcho de un árbol es muy variable, dependiendo de la edad, tamaño, clima, suelo, altura de descorche, etc. Puede llegar desde pocas decenas de Kilogramos hasta árboles excepcionales que rebasen la tonelada de corcho producido.

La montanera y los pastos.

La ganadería es, junto al aprovechamiento de la corteza del alcornoque, el principal recurso de los alcornocales hoy en día. Actualmente, debido al alto precio que alcanza el corcho y al abandono del campo por el hombre, está pasando en muchos lugares a un segundo plano y en otros se sostiene gracias a las subvenciones que llegan de la Comunidad Europea y de otras instituciones públicas.

Sin embargo, tradicionalmente, la ganadería ha sido el aprovechamiento que proporcionaba mayores rentas a los propietarios que explotaban los alcornocales, principalmente los que se encuentran en forma adehesada, junto a las encinas y a otros árboles. La mayor parte de los terrenos que actualmente tienen alcornoques son zonas marginales, de sierra, cuyos suelos no pueden soportar el laboreo y los cultivos intensivos. Por este motivo, salvo los de suelos más ricos, se dedican al pastoreo y, generalmente, no se cultivan. A veces, se siembran cereales o plantas forrajeras que son un complemento alimenticio para los animales.

Un importante recurso alimenticio para el ganado en la dehesa es la montanera. Aunque la bellota del alcornoque es bastante amarga y áspera, al contrario que la de la encina, los animales la consumen sin problemas. Además, tiene la ventaja adicional de que el alcornoque produce bellotas en varias cosechas al año, repartidas a lo largo de todo el otoño, desde septiembre hasta principios del año siguiente. Por tanto, se consigue que el ganado encuentre alimento durante todo ese periodo, sobre todo entre noviembre y diciembre.

La leña y el carbón.

El alcornoque es un árbol de crecimiento bastante lento. Su madera es de gran densidad y muy dura; sin embargo, no se utiliza a menudo debido a la facilidad con que se rompe y a la dificultad con la que se trabaja. Además, es difícil encontrar ejemplares rectos cuya madera no tenga excesivos nudos y defectos. Por el contrario, es muy apreciada para su utilización como leña, al tener un gran poder calorífico (alrededor de 4.000 Kcal/Kg., para leña seca) y una combustión larga y lenta.

La leña se obtiene principalmente durante las podas, que se suelen realizar en invierno, cuando la actividad vegetativa del árbol es bastante baja. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que los alcornoques no se deben podar el mismo año de su descorche, ya que entonces quedan muy debilitados y pueden morir fácilmente.

El alcornoque tiene la peculiaridad de que la leña que produce está recubierta por el corcho bornizo, por lo que, antes de utilizarla debe quitarse la corteza. Este corcho se puede vender y utilizar para trituración y fabricar productos de corcho aglomerado. Se le denomina "bornizo de invierno", para distinguirlo del "bornizo de verano" que se produce en la época de
descorche.

El carbón que se obtiene de la leña es muy bueno. Dependiendo del coste que tenga el transporte de la leña hasta los lugares donde se va a utilizar, es preferible convertirla en carbón en el mismo monte. Además, el carbón tiene la ventaja de que, a igual peso, tiene más poder calorífico que la leña, normalmente entre 7.000 y 8.000 Kcal/Kg. Por tanto, es más barato de transportar y más sencillo de almacenar, al ocupar menos espacio.

Figura 1.17. Carbonera

La caza.

Muchos de los bosques de alcornoques no se utilizan hoy en día para usos ganaderos o agrícolas, bien porque se encuentran en zonas de sierra, con suelos muy pobres, en zonas de difícil acceso para la comercialización de los productos o, simplemente, porque son zonas despobladas donde no hay nadie que se encargue de su explotación.

En general, en cualquier alcornocal hay un recurso que cada vez tiene más valor económico: la caza. Es un aprovechamiento que no exige unos cuidados excesivos de las fincas, que necesita poca mano de obra, y que está siempre presente, a menos que se haga un uso abusivo de él.

Otros aprovechamientos.

En un bosque o dehesa de alcornoques se pueden encontrar otros múltiples recursos naturales que, si son bien gestionados, pueden llegar a ser un complemento económico importante:

    o La miel, obtenida en colmenas colocadas expresamente para ese fin, es cada vez más popular y valorada como un producto natural y ecológico de la cual existen denominaciones de origen ya en el mercado.

Figura 1.18. Colmenas en un alcornocal

    o Los hongos o setas, que aparecen en grandes cantidades en las épocas de lluvia, especialmente en otoño, también alcanzan a menudo precios muy altos en el mercado.
    o Las plantas medicinales y aromáticas tienen cada vez mayor popularidad, siendo muy apreciadas e incluso cultivadas. En algunas regiones se ha tenido incluso que regular su recolección para evitar que desaparezcan totalmente. Entre estas plantas están el romero, el orégano, el poleo, tomillos, jaras, etc.
    o Otras plantas se pueden aprovechar por sus frutos u otros órganos comestibles, por ejemplo, los espárragos, los palmitos, los madroños y muchos otros.

4. Plagas del alcornoque.

Existen numerosas especies de insectos que viven en los alcornoques, alimentándose del árbol, tanto de sus hojas como del corcho, la madera, los frutos o incluso de las yemas y flores. Sin embargo, no todas ellas pueden ser consideradas como plagas ya que a menudo se encuentran en pequeño número, con poblaciones estables y sin causar daños graves a la planta. Solamente se habla de plaga cuando el equilibrio existente entre la población del insecto y la resistencia o capacidad de recuperación del arbolado se rompe.

De los insectos descritos a continuación, unos constituyen plagas graves en distintos lugares y momentos, mientras que otros no lo son tanto, pero se incluyen como ejemplo o por su interés económico o ecológico. También pueden ser considerados como plagas, a veces, otros grupos zoológicos, tales como aves, mamíferos, gusanos nemátodos, arácnidos, etc.

Para combatir estas plagas se usan tanto productos químicos de diverso tipo como la lucha biológica, utilizando a los parásitos de estos insectos. También es muy aconsejable tener el alcornocal en un buen estado sanitario, mediante podas y sacas correctas, evitando las heridas por las que pueden entrar estos insectos y que debilitan a los árboles.

Las plagas más comunes son producidas por los siguientes insectos:

    a) Insectos que se alimentan de las hojas (defoliadores): La oruga o palomilla, la lagarta peluda, otros insectos.
    b) Insectos que atacan al corcho: La culebra o culebrilla, la hormiga.
    c) Insectos que atacan a la madera: Las banderas, el Cerambyx, los barrenillos.
    d) Insectos que atacan a las bellotas: El gorgojo de las bellotas.
    e) Insectos que atacan a las raíces: Los gusanos blancos.

Figura 1.19. Daños de culebra ("Coroebus undatus")

5. Enfermedades del alcornoque.

Pueden ser causadas por un organismo vivo (bacteria, hongo o virus), o bien por las condiciones del medio (temperatura, humedad, presencia de sustancias tóxicas, etc.) En el caso del alcornoque, existen diversas enfermedades que se encuentran con frecuencia en nuestros montes y que afectan a diversas partes del árbol (raíces, ramas, hojas, etc.), teniendo distinta gravedad, afectando principalmente a árboles muertos o debilitados, pero a veces también a los sanos.

Como medida de lucha contra estas enfermedades se puede aconsejar lo mismo que se ha mencionado para las plagas. En un bosque en buen estado de salud es muy difícil que se difundan estos problemas. Además, cada enfermedad tiene unas características y tratamientos específicos, según su naturaleza. Entre las más comunes se encuentran:

    - Pudrición blanca de las raíces.
    - La roya anaranjada.
    - Las "escobas de bruja".
    - La tinta.
    - El chancro.
    - El chancro carbonoso.
    - La seca.

Figura 1.20. Chancro carbonoso ("Hypoxylon mediterraneus")